miércoles, 16 de mayo de 2012

breve historia de japón



Homenaje a Yasunari Kawabata

Había un color rosado
flotando en los cielos de Kyoto
de las flores de cerezos que podía ver
quien percibía el mundo silente y minúsculo de la belleza.

había un escritor, había una vez
que el tiempo parecía detenido.
era, casi, la única salida del progreso
un anciano que fumaba y escribía y escribía
porque recordaba algo: el secreto del antiguo Japón
mientras el siglo XX ocurría.

Cayeron primero las bombas
y cayó, después, Japón bajo el silencio.
calló Japón. Ante el avance de las luces de neón
coloradas que taparon ese cielo de cerezos;
y Occidente derramaba sus avances por el mundo.

Ahora Kyoto, Tokio, Quito, Kentucky parecen un mismo sitio;
el alma del anciano está guardado en pocos libros
y mora en un extraño cielo desde donde
se ve todo
tanta gente junta y sola 

sábado, 12 de mayo de 2012

un templo



Todas las preguntas que tengo y no hay un mapa que me indique la verdad.
¿Cómo llegar allí entonces?
¿Me moriré sabiendo o nadando a metros de la orilla?
En el inicio del mundo. Allí está: el afán de los seres por saber.
Saberlo todo, conocerlo todo, preverlo todo, explicarlo todo.
Y en mí está también.
¿Cómo puede abandonarse la lucha como yo lo hice?
¿Cómo se puede huír así por el camino lateral?
¿Cómo encontrarse con uno? Y… ¿cuándo, por fin?
¿Cómo salir del miedo? ¿Cómo salir del hielo, del fuego, del enojo, del dolor?
¿Cómo ser otros? ¿Cómo ser los otros? ¿Cómo entenderlos?
¿Cómo ser nosotros? ¿Cómo entendernos? ¿Cómo disculparnos?
¿Cómo ser buenos?
¿Qué incidencia tiene en el mundo lo que deseamos, lo que sabemos, lo que ignoramos?
¿Cómo amarte sin esperar de vos? ¿Cómo contarte? Todo el tiempo que está pasando mientras sigo así: dejando que se vaya.
¿Cuál va a ser el día en que pueda decirte la verdad? ¿Servirá para algo? ¿Será tarde?
¿Cuánto duran los caprichos?
¿Cuánto tardan los velos en caer? ¿Quién estará más cerca de la verdad?
¿Cuáles son las filosofías mejores, los libros ciertos? ¿Los que juran que las luchas que no se abandonan o los que predican la resignación? ¿Los de la sabiduría del desapego?
Y aún con todos lo velos de colores que tapan la verdad algo se ve: hay un orden tras el caos que nos rige. Y no es nuestro. No lo podremos conquistar. Pienso que… tal vez… todo debería volver a comenzar de nuevo. Ser dado de nuevo.
Si sólo pudiera recordar el don, el nacimiento; olvidar el desgaste, el trajín de la vida.
¿Cómo olvidar las palabras que me hicieron ésta? ¿Cómo decirlas, llorarlas, sacármelas?
¿Cómo ser valiente y desnudarme ante vos? ¿Cómo decirte todo; por dónde empezar?
Y, además, ¿para qué? ¿desde dónde escucharías?

Pero por fin un milagro ocurre. Aparece ese templo individual donde olvido todo, donde encuentro todo.
De a ratos no recuerdo tener la llave del templo o conocer el camino que me lleva allí o tener un templo donde no tengo nada, donde no quiero tener nada. Mucho menos razón.
Donde puedo dejar de reclamar lo que el tiempo me ha confundido a creer que es mío: el orgullo, sobre todo. Un templo donde puedo respirar y salir del tiempo; suspenderme, revelarme sin furia contra la opción de arrastrarme con los días y caer. Envejecer.
Y allí, que no hay tiempo ¿qué fue lo que creí que estuvo? ¿Qué pasado fue cierto? ¿Qué futuro me desvela? ¿Qué puede doler? ¿Qué pregunta entra donde no existe el tiempo?
Entra, solo, la certeza del silencio.  

jueves, 1 de marzo de 2012

a|parece

Creé en vos. En tu fe, en tu destino
en que todas las cosas se ocultan
pero ocurren por fin

Ahí estás: sin tu permiso
Y capaz… no era tan necesario.

Dejá de partir, dejá de contar
los pasos que diste
hacia adelante
cuando estabas atrás
Dejate vencer
también por el miedo
y recién entonces, sí: escribí. Y luego matalo.

Buscate al perder
todo lo que supiste ser, lo aprendido
en el cielo limpio, la nieva que cae otra vez es distinta
en la sonrisa que se te escapa

Volvé a aquellos sueños que olvidaste
No los compliques más. No son así: más complicados
Abrazalos. Ya sabés…
si no… se escapan.
Desaparecen
Y es probable que veas en la noche una estrella
que no es tuya
y le pidas
por favor
que vuelvan.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Quedándote. Oyéndote


No soy tu fan pero, ¿sabés? No importa.
Hay algo que está más allá. Cerca del cielo.
Presiento que no hacía falta que “te siguiéramos”. Vos nos encontrabas.
Como nos encuentra Dios. Cuando al tipo se le canta. Cuando quiere.

Tu poesía nos buscaba. Así, crecíamos.
Sin entender, por supuesto...
cómo alguien puede ser tan hermosamente incoherente
de decir “árbol-hoja-salto-luz-aproximación”, así: todo junto
Volábamos.
Como si nos fumáramos un porro de poesía.
Como si la vida fuese solamente hermosa, perfecta.
Un puente o una cuna o un secreto.

cómo podías andar por la vida como si no te pesara nada
Como si todo se te hubiera dado
junto a la sabiduría.

Hicimos el amor con vos,
aprendimos a ver
de otra forma
la tierra.

Escuchándote, sentimos que volaba algo. No sé qué.
Tal vez vos… o nosotros.
Eso que nunca sabremos.
Pero conocimos el cielo.

Y ahora que te vas a ese lugar
desde el cual viniste
como un misterio

Sobrevivirá tu ángel
en los orígenes de tantas otras obras que inspiraste.

Sobrevivirá tu voz
contra la miserabilidad del mundo, contra el cinismo
ante las imágenes que intenten convencernos
de que la belleza se ha acabado

Sobrevivirá tu música
en los cantos a nuestros hijos
y en los cuentos que les contemos,
habrá gente que volaba y soplaba
secretos con forma de música.

“Si no canto lo que siento me voy a morir por dentro”.
Entonces cantá, Flaco. Siempre.
Adentro nuestro.
Y quedate acá.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Ellos


Si pudieras entender la cabeza de una mujer…
sin creer que la revista Ohlalá
te ayuda en algo

Si pudieras saber
qué no es
que no es
coger mejor.
Es distinto.

Es que haya algo parecido…
la ternura que nos enseña
la conciencia que nos despierta
la verdad que nos reclama
la paciencia.

Que te llames por tu nombre
yo por el mío
ellos por el nuestro
y a veces nos confundan

Tu sonrisa reveladora
esa mirada
algo de tu miedo,
tu llanto.
Tu desvelo, tu olor
tu frase por la mitad
tu involuntario olvido
tu anhelo.

Qué querés dejarles
qué se te va de las manos
qué no podés olvidarte
dónde aprendiste
dónde andabas
cuando perdiste ese zapato…
Y ahí está el otro
tomando café con nosotros
¿qué me mirás así?
No digas nada.
Me da risa…
Me dan ganas de abrazarte
Nos equivocamos mucho
y acertamos.

Acá estamos.
 Vos en mis ojos.
Yo en tu mirada
El futuro en nuestras manos.

Y si no estás…
que el mundo
que tu alma
me lo reclamen.

lunes, 15 de agosto de 2011

Días de alegría


“No esperen de mí ninguna palabra que menoscabe, agravie u ofenda a nadie. No estoy para eso; no vine a eso”. Amén de que hay gente que se menoscaba y ofende sola, en sus propias palabras, jamás había escuchado a un líder político argentino que en su discurso –y en su accionar– tuviera semejante actitud de respeto no sólo frente a quienes le han dado el mando –quienes lo han empoderado– sino también frente a la oposición. Durante mucho tiempo pensé que me hubiera gustado vivir otra época (esa que veía en la televisión mi abuela cuando miraba a Evita; ver posted previo: días de duelo). Y, de pronto, estoy por primera vez orgullosa de vivir en este momento político; estoy orgullosa de cómo la presidenta de la nación interpela a quienes son sus votantes, sus pares, los ciudadanos, nosotros, el pueblo. Orgullosa de que agradezca a los otros candidatos por sus propuestas que contribuyen a la ampliación de la democracia; estoy orgullosa de lo educada que es. 
No es ese orgulloso del triunfo en una elección; es el orgullo y la confianza que me inspiran los que saben valorar sus errores del pasado; los que saben levantarse de las ruinas y volver a creer; el orgullo de quienes reflexionan y aprenden con el tiempo a cuidarse más, a cuidar al otro, al par, al semejante, al diferente; a cuidar el diálogo porque sin eso no hay sociedad; se rompen los lazos.
Me honra y me emociona escucharla hablar, lejos de esa jactancia del triunfador. Cuando (después del canto de La Cámpora) dice: “Quiero convocarlos a redoblar el esfuerzo con mucha humildad. Yo les pido como compañera de todos ustedes, de todas las luchas, más humildad que nunca. Más humildad que nunca. Más trabajo que nunca. Este acompañamiento de la sociedad es por el trabajo y el esfuerzo hecho y por todo lo que queda por hacer”. Y agrego: más sapiencia, más humanidad. 
Por todo eso, Cristina, por tu fortaleza de haber traducido el dolor y el error en alegría, en amor, en calma, en estímulo para redoblar tu compromiso con tu compañero y tu país, tenés mi voto, tenés mi apoyo y mi predisposición a aportar un grano de arena más en el proyecto nacional y popular. 

Días de inflexión y reflexión



La furia fría
Entiendo que entre las irritaciones posibles, una de ellas pueda ser la de los kirchneristas de la primera hora, que ven ahora venirse el aluvión de nuevos kirchneristas a partir de los sucesos trágicos de la muerte de Néstor. Pasa como con las bandas de rock: están los que se jactan de haber visto a la banda nacer; están, también, los advenedizos que se pliegan al pogo del último momento. Y estamos, entre otros, los que nos levantamos cerca del mediodía y damos el sí todavía un poco dormidos y en un afán diplomática con cierta disculpa por nuestro retraso.  No me jacto de mis tiempos, pero asumo que soy de las personas que reaccionan tarde. Me ha ayudado a no enojarme ya tanto con estos delays una frase de Walsh (otra vez), de su diario personal: “Las cosas que quiero: los que no obedecen; los que no se rinden; los que piensan, forjan y planean; el análisis claro, la revelación de lo escondidos; la furia fría”. Esas cosas llevan tiempo. La furia fría lleva tiempo; lleva ríos de tinta, ensayos de textos que quedan inconclusos archivados en la computadora, por pedazos que un día se juntan para decir algo.
Me llevó tiempo despertar del letargo anémico de la generación auspiciada por desencanto de la política, atrincherada tras la desazón Kurt Cobain; nacida bajo el desamparo de la pos dictadura, a meses de la guerra de Malvinas; salir de los enclaves de una generación que vivió su infancia en el menemismo y que celebró los veinte en el contexto de la mayor crisis de representatividad que tuvo la democracia, allá por el 2001. Nos educó el descreimiento y la protesta. Nos acostumbramos a desconfiar antes que a escuchar.

El poder de lo simbólico
A veces la casualidad funciona como metáfora y es definitoria. Néstor se muere el día del Censo, cuando el país entero va a ser recontado. Un pueblo que tendrá, entonces, la posibilidad de un nuevo relato en esta historia colectiva. O mejor dicho: un relato colectivo que empieza reconociendo que se necesita de esos fragmentos y voluntades individuales para una historia conjunta y nacional. No sólo los políticos y militantes son necesarios para reescribir esta historia. También escritores, músicos, periodistas, editores, artistas, trabajadores, empresarios, dirigentes…
En el anterior posted, decía que las causan no son las personas, van más allá. Pero algunas formas de encarnar una causa hacen que ésta sea más sólida, más luminosa, más fuerte.
Néstor y Cristina supieron que el discurso es la manera de posicionarse frente al mundo; de construirse. En ese sentido, le dieron contenido nutritivo al discurso político que algunas generaciones habíamos encontrado siempre vaciado de sentido. La palabra no es la acción pero la orienta, la antecede. Y en ese sentido, pusieron en su discurso la agenda de temas de los que era necesario que hablemos, que nos desahoguemos. Y sobre los que necesitábamos obrar.
En instalar la conciencia colectiva de que somos semejantes de nuestros semejantes (nuestros hermanos los pueblos latinoamericanos) y diferentes de los diferentes (una idea que parecía habérsenos olvidado tras tantos años de relaciones carnales con Estados Unidos y de desorientación política) está la posibilidad de un posicionamiento digno como país, por citar solo un ejemplo.
Algunos detractores del oficialismo han creído y creen que el cuidado y el trabajo que ha llevado la reparación de lo simbólico no es importante; que ha tapado otros temas supuestamente más urgentes. Lo simbólico, el lenguaje, es no sólo urgente, sino fundacional. Es lo que puede configurar a un individuo en un psicótico, por ejemplo. Esa postura es el primer escalón del descreimiento en la cultura; de cierta mesiánica voluntad de arrasamiento para gobernar una sociedad de zombies, como la que tuvimos tantas veces. Justamente por eso, el trabajo que ha hecho el kirchnerismo en la reposición de ciertos valores humanos e identitarios nos ha fortalecido como seres humanos y como ciudadanos de una forma tan honda que no van a alcanzar los libros de historia para contarlo.
Néstor y Cristina han llevado adelante en su discurso una palabra que no es su palabra impuesta; es una excelente interpretación de todo lo que nos había quedado atragantado y silenciado desde hace mucho tiempo como sociedad. Una palabra que habla de lo que tenemos pendiente; de lo que nos debemos; de la suficiente madurez que debemos tener como para retroceder, cuando hace falta, hasta donde nos equivocamos como sociedad para poder avanzar definitivamente. Un discurso en el cual los errores previos, viejos y nuestros tienen un precio que estamos pagando pero son pensados como escalones ineludibles de aprendizajes para construir un país mejor es un proyecto adulto, inclusivo, genuino. Un discurso en el cual no hay voluntad de venganza sino de justicia histórica; de furia fría contra los traidores de la patria y los sectores más recalcitrantes de poder, es un proyecto nacional y popular.